Tenía pendiente hablar del concierto de Solange Knowles (o sea, la-hermana-de-Beyoncé) al que me invitó Acia, la única chica con acento francés que me llama al móvil (por no decir la única chica que me llama al móvil).
El concierto, breve y correcto, tuvo lugar en The Chivas Studio, un lugar al que sólo se accedía mediante invitación, que daba a la calle Atocha sin que hubiera ningún elemento que lo identificara como tal. Es decir, o sabías la dirección a la que acudir, o nadie que pasara por el portal adivinaría que dentro había una sala de altos techos y paredes blancas con cantidad de gente guapa que lo mismo vestía taconazo que calzaba una deportiva millonaria. Como todo el mundo entraba por invitación, se hacía necesario distinguir a los que eran “más VIP que los demás”, y esa era la función de una pulserita que a mí no me dieron. Con ella podías acceder al piso de arriba y no sé si a más cosas. La verdad es que en el hipotético caso de haberla adquirido dudo que me hubieran dejado subir, porque mis deportivas no eran millonarias, ni tampoco mi camiseta de tirantes ni mis vaqueros sin marca. Era tan poco guay que probablemente fuera la más guay de la fiesta (aunque ellos no lo notasen).
La hermana de Beyoncé cantó bien, el problema fue que sus canciones no terminaron de romper. Eran entretenidas y ella lo daba todo, pero se echó en falta algún éxitazo que hiciera vibrar el hielo de las copas gratis que se sirvieron antes y después de su actuación, porque prohibieron beber y fumar durante ésta.

Además de la estrella de la noche, también se dejaron ver algunas caras conocidas: el chico joven de Matriomoniadas –que no bebía alcohol porque no había cenado-, Cristina Piaget –que se puso delante de mí durante el concierto y me tuve que dar la vuelta porque me estaba comiendo literalmente su pelo de modelo-, Laura Ponte (la dueña del local, como me explicó el casi diplomático Quico), Macarena González (Sexykiller), Marta Sánchez, una mujer que creemos que era Lucía Etxebarría pero que no pudimos confirmar y más gente que seguramente era famosa pero que yo no conocía.
También hubo, en contra de lo que esperábamos los pardos de la fiesta, canapés. Y digo que no lo esperábamos porque el ambiente era tan sofisticado, distinguido y frío que parecía completamente fuera de lugar masticar. Afortunadamente, nos equivocamos y pasaron un montón de bandejas con aperitivos que podrían haberse llevado el premio miss canapé mejor presentado.
Y eso fue todo, espero que la señorita Solange se haga famosa para poder decir eso de: “Yo la vi cuando tú ni siquiera sabías escribir su nombre”.
PD: Acia me ha nombrado Buzz Angel, y he respondido a una entrevista haciéndome la graciosa.
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