A tu vera, aunque te joda

19 08 2010

“A tu vera” es mi canción favorita de Lola Flores. La letra es de las buenas y eso hace que empatices con quien la canta y te emociones por cuánto cuantísimo quiere ella a ese hombre que no le hace ni caso. Qué bonita es la constancia en el amor, pensarán algunos. Pero en el fondo no deja de ser la historia de una brasas: una chica que se enamora de uno de su pueblo y que lo sigue como un perrito faldero, como si fuera el hermano pequeño pesado que no te puedes quitar de encima cuando vas con tus amigos y te interrumpe cada dos por tres con la boca tonta y medio abierta:

-¿De qué se ríen?

Vete de aquí, piensas tú. Pero no dices nada porque ya lo has intentado y cuando le echas a patadas es peor porque se pone a llorar y siempre hay algún alma sensible entre tus colegas que siente pena por el crío y te dice que se quede que no molesta. Es mejor ignorarle abiertamente y esperar a que se canse. Pero nunca se cansa. Igual que Lola Flores en el tema, que se ciega de tanto mirar, que de tanto escuchar “que no” directamente pasa de traducir y se queda en que su amor la ha hablado, un amor que es un hombre que se ha hartado de ser primero amable, luego claro y después hiriente y que practica la indiferencia abierta mientras se plantea:

¿Pero es que no tiene dignidad?

Porque “A tu vera” es precisamente eso, la declaración de principios de alguien sin dignidad y, sin embargo, nos parece preciosa. Eso es lo que más me gusta de la literatura, el poder de manipular y conseguir que algo que objetivamente es repulsivo nos resulte aceptable o incluso hermoso. Como el pederasta de Lolita (la novela, no la de Sarandonga) cuando describía embelesado a sus nínfulas. En definitiva, que “A tu vera” es otra de esas canciones que te enamoran con una sola condición, que no te la estén cantando a ti.